CREATIVO: La chica más hermosa que hubiera visto | Por: Dalia Gutiérrez

Entró al vagón del metro corriendo. A pesar de los audiófonos en sus oídos que bloqueaban el ruido exterior, pudo escuchar el bip que indicaba el próximo cierre de las puertas. Esquivando humanos y demás, se acomodó en un espacio libre. Sesenta segundos fueron tal vez el tiempo que le tomó notar su presencia. Si fueron más o fueron menos, sólo se lamentó no haberla visto desde el primer instante. Era hermosa; un segundo más para admirarla era mucho tiempo.

Ella era la chica más hermosa que hubiera visto en su vida.

En una mínima cantidad de tiempo sus ojos ya la habían recorrido toda; y su cerebro la guardó en la memoria. De repente no había nadie más que ella. Había abandonado el mundo a su alrededor en cuando la miró. Entonces se dio cuenta que un chico de bigote gracioso y un piercing en la nariz, que se encontraba sentado a su frente, podría haber sido más llamativo que la chica a su lado izquierdo. Pero no fue así. Era una chica hermosa, la más hermosa.

Debía ser su cabello. Sólo podía ser. Un perfecto pixie notoriamente sin ningún cuidado estético especial. Sentía la textura en la yema de sus dedos: áspero. No tenía nada de extraordinario. A pesar de que era hermoso, había visto cabellos más espectaculares. No era su cabello.

Podría ser su camisa a cuadros. Desgastada, sensación de suavidad por lo vieja.  Colores planos. Negros, grises, rojos y blancos combinados a la perfección. Suaves fibras sobre una polo azul. Aunque si no lo hubiera tenido puesta, seguiría siendo igual de hermosa. No era la camisa ni el pantalón negro que le encajaba justamente al cuerpo. Tampoco eran sus negros y viejos imitación converse  que calzaban sus pies, aunque hicieran juego con su mochila gastada. Por más bien elegida que fuera su vestimenta del día, no era eso.

La recorría con sus ojos una y otra vez, era hermosa. Pero no era su piel blanca, que olía a sedosidad; no eran sus uñas mordidas; tampoco eran sus bellos ojos, dueños de una potente mirada.

Quería establecer contacto visual, pero ella nunca respondió la mirada. No le importó, buscó ver su reflejo en el cristal que tenía en frente. Ella era delgada, pequeña y de rasgos dulces. Pero no era eso; no era su cuerpo.

Reparó en el celular de ella, y aún graba en su memoria color, modelo y accesorios. Ella leía una historieta en esa pequeña pantalla. Se impresionó por su habilidad en mantenerse de pie en el metro, sin sujetarse de lugar alguno, y leer en su celular.

Se dio cuenta que las estaciones pasaban y pronto tendría que salir del vagón. Deseó con grandes fuerzas que ella tomara el mismo rumbo. Esperaba que así fuera, sino sería el fin. Buscó desesperadamente alguna señal en ella que le indicara su nombre. Nada.

La adrenalina llegó cuando el metro se detuvo en la estación. Se acercó a las puertas, mientras miraba sobre su hombro; pero ella se sentó en un asiento que se desocupó en el momento. Pensó por un instante en quedarse y no salir, era capaz de hacerlo. No era la manera, había terminado.

Una vez subiendo las escaleras para cambiar de línea, admiró por última vez su melena negra a través del vidrio. Dio un suspiro. Pareciera como si todo el tiempo había aguantado la respiración.

Ella era hermosa. Y hasta este instante, no ha olvidado cada detalle de su ser.

Sus ojos han visto muchos cuerpos femeninos, muchos rostros bellos. Chicas que provocan distraer y tropezar; sin duda, todas son bellas a su manera. Pero ella era diferente.

Ella era la chica más hermosa que hubiera visto. No tuvo ni cinco minutos para admirarla pero lo era. Sí, ella era hermosa.

Tal vez ella tan sólo era ella, y por eso era la chica más hermosa que hubiera visto en su vida.

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