CREATIVO: Sobre las Putitas | Por: Noari

¿Cuándo fue la última vez que llamaste a alguien puta?

Me estuve preguntando eso estos días, y no recuerdo haber llamado a otra mujer así en mucho tiempo, probablemente porque yo soy una de ellas. Una putita. Lo soy porque de niña vi porno por primera vez a los cinco años, cuando mi primo y su amigo consiguieron un calendario erótico de no sé dónde.

También lo soy porque a los seis años los vecinos de mi edad y yo nos juntábamos en un patio grande al atardecer para desnudarnos, y se nos salía el corazón del pecho cuando un adulto de acercaba. Soy una putita porque vi a mi abuela fornicar con distintos hombres en el piso cuando tenía menos de siete.

Soy una puta porque mi primo y yo nos masturbábamos sin saber que así se llamaba y fantaseábamos con hacerlo, eso hasta que él se fue a vivir a Estados Unidos. Si ver a mi mami salir con un hombre distinto cada vez me hace una puta, entonces eso soy.

También ver a mis tías; la mayor y su pareja se arrojaban botellas y se amenazaban con tenedores. La del medio se enamoró de un ranchero casado y mandó todo al carajo por estar con él. La menor se drogó a los catorce, se tatuó a los quince y se enamoró de un esquizofrénico a los dieciséis. Sé que eso me hace una putita.

Pienso en las putas del mundo y las quiero abrazar, porque quizá a ellas también les dijeron que su papá era una basura aunque él las llevara a pasear en moto y las hiciera reír. O tal vez también se sentían desencajadas y un niño anduvo con ellas por una apuesta en tercero de primaria.

¿Qué es para ti una puta? Le pregunté a un ex, él me dijo que según sus amigos es una mujer que una semana anda con alguien y a la siguiente se coge a alguien más, sin importar quien sea.

Entonces pensé, y no se lo dije, soy una puta. Porque busqué más de una vez el amor de mi mamá en un hombre que me decía que parecía una muñeca. Y después de que a los catorce me rompieran el corazón, decidí que esa niña frágil no sería yo.

Por eso salí con un hombre con cincuenta piercings en el cuerpo, por eso rechacé a todos los que me querían de verdad, por eso les hacía creer que les iba a dar algo, pero sólo los dejaba con la bragueta a medio abrochar y me iba corriendo sin mirar atrás. Y sé que eso me hace una puta.

Las putitas coquetean con los maestros, aceptan que el hombre pague la cuenta porque ellas no tienen ni un centavo en la bolsa, las putitas usan tinder y se excitan con los hombres comprometidos. Supe que era una de ellas casi desde que nací, porque qué más vas a ser si tu mamá se embarazó a los dieciséis y te quería abortar.

Muchos creen que las putitas salen de noche, con ropa atrevida y que tienen mala ortografía. Pues mírame a mí, trabajo sin parar, soy ama de casa, leo un libro al mes, seré una licenciada y hago yoga. Y aun así soy quizá más putita cada día.

Porque los hombres me invitan a salir, porque las mujeres me besan cuando se emborrachan, porque me dicen que estoy muy bonita y eso me confunde, porque no sé decir que no, porque estoy intentando ser un adulto responsable. Y eso me hace putita también.

Perdón si este escrito no es un manifiesto feminista; lo que pasa es que no me drogo, no fumo, no tomo; y escribir es mi manera de desnudarme y decir aquello que mi ex no comprendió cuando le dije ‘’No soy buena para ti’’.

Repito, a veces, quisiera, encontrar a una putita llorando, sentarme con ella y abrazarla, y decirle que yo no quiero nada de ella, y decirle que somos parecidas, y salirme de mi coraza para que viera mis partes más blandas. Y decirle al mundo que no es justo que a ellas les llamen putas y a mí me digan bohemia de alma libre.

Si al final de cuentas todas tenemos el alma un poco herida.

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