CREATIVO: Ventajas de perder el control | Por: Majo Campo

La zona de confort no es para nada mental. Es real, es visible y sobre todo, tangible. No es ese estado de comodidad en el que nos sentimos en ciertas situaciones. Son los lugares, las personas en ellos a las que nos acostumbramos, son las pequeñas cosas que acostumbras a hacer.

Pero la zona de confort no es la costumbre, sino las cosas que ponemos en ella. Ese perro que nos acompaña un trecho de regreso a casa, la piedra que pateamos cuando no pensamos en nada. La cantaleta de cualquier mamá y lo imposible que parece lograr ciertas cosas.

Vivir en total confort es en parte, perder la capacidad de buscar lo nuevo, escoger nuevas rutas y probar atajos, perder la oportunidad de conocer a alguien nuevo y permitirte expresar tus sentimientos. Vivir en total confort es siempre, estarse perdiendo de algo.
Existe algo de dolor en adaptarse a los cambios. Cuando te mudas y la ventana no hace ya el mismo ruido al abrirla. Cuando dejas la casa de tus padres y ya nadie te levanta por la mañana para ofrecerte desayuno. Dejar de pelear con tus hermanos por tonterías. Perderte las vacaciones familiares porque estas trabajando. Volver a tu pequeña ciudad después del viaje de tu vida... pero siempre habrá un lugar más por conocer, otro idioma por aprender y sobre todo, sitios y personas que merecen la pena volver a encontrar.
Entonces el dolor de la adaptación vale la pena. Vale si eres consciente que ahí no acaba, que siempre vendrán cosas nuevas y que requerirán de ti más que coraje. Requerirán de amor, mucho amor. Pero principalmente, de conocerte a ti mismo y saberte encontrar dondequiera que estés.
Porque salir del confort es querer perderlo todo, para volver a encontrarse. 
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