Creer en las hadas me ha hecho crecer | Por: Sofía Madero

¿Qué es realmente para los demás madurar?, ¿qué es para mí madurar?, ¿realmente importa lo que la gente diga de mí?, ¿me ofende el que tomen a burla mi manera de pensar?, ¿a quién le interesa escucharme? Ésta y mil preguntas rondan por mi cabeza cuando escucho a la gente hablar sobre esos detalles que se pierden de nuestro lado sensible y que sin embargo, son importantes en lo que yo considero espíritu.

Desde que era una niña he sido una persona que se cuestiona por qué los demás no le toman la importancia a lo que yo considero relevante, eso que por un momento te llena el corazón y el alma, no en algo superficial que solo se ve desde fuera, eso que solo los demás dan por hecho que eres por qué no se toman la molestia de conocerte, y no, no importa que no sean personas cercanas a ti, sean conocidos o gente cercana, el problema realmente está en que hablan de ti por cosas totalmente superficiales.

Algo tan pequeño para unos, puede ser muy grande para otros, soy de las personas que encuentran belleza en las cosas aparentemente pequeñas. Mi cuestión no es decir que porque yo piense que algo es hermoso los demás tengan que compartirlo, la belleza es algo subjetivo y si todos pensáramos igual el mundo sería totalmente aburrido.

Pero entonces, ¿por qué juzgamos a los demás por esos detalles? Creo que hay ciertos aspectos que llevo en el corazón que no son fáciles de explicar cuando me preguntan, y cuando comparto con alguien quien soy, lo toman como algo inmaduro, algo tonto, una niña ingenua que aún cree en los cuentos de hadas y habla de Peter Pan como la octava maravilla del mundo. Y es porque solo ven un sentido en mis palabras, pero no ven lo que hay dentro, lo que yo pienso o siento.

Después de darle mil vueltas, haber sacado mil lagrimas por hirientes comentarios o incluso juzgarme a mí misma, me di cuenta que no voy a mostrar mi cuento de hadas porque es mi filosofía, y cuando se dé el momento de compartirlo, lo haré. Y si, para mi hay un trasfondo precioso en esas “tonterías” y que me he tomado el tiempo, para algunos desperdiciado y para mi totalmente aprovechado, en buscar esa belleza que ya ha mencionado.

Déjenme decirles algo, para mí nunca fue fácil aceptar que mis gustos para algunas personas son quizá infantiles o ingenuos, traté de engañarme a mí misma cuando me obligue a crecer y a creer qué hacer, leer, actuar, hablar o pensar de cierta manera era crecer. ¿Entonces que es crecer? ¿Vestir de cierta manera? Intente aparentar quien no soy cuando decidí que quería vestirme de cierta forma, pero me di cuenta que me gustaba vestirme de esa forma y mis pensamientos seguían siendo los mismos. ¿Y qué sucede? Me entero que hay poca originalidad para etiquetar a alguien. ¡Como si no me cansara yo de escuchar sus estúpidas etiquetas! Todo tiene un límite.

“Sofi, eres demasiado inocente, no lo entenderías”, “Sofi, hasta que te llegue tu Peter Pan serás feliz”, “Sofi, solo piensas en Disney”, “Sofi, solo escuchas a Taylor Swift, no sabes de música”, “Sofi eres demasiado buena, eres como una niña chiquita” (como si no pudiera enojarme, perdonen la expresión, pero no chinguen)

¿Por qué demonios etiquetamos a las personas? Otra pregunta que no tiene una respuesta especifica. Creo que, a veces creemos que nuestra manera de ver la vida es la correcta, que nuestros valores son los indicados o que nuestros gustos es lo que nos hace “originales”, ¡qué tontería! Es entonces cuando juzgamos, ponemos una etiqueta, reímos un rato y después seguimos con alguien más porque ya nos aburrimos de criticar al otro. ¿Y no se ponen a pensar que quizá causamos un daño? ¿Qué dejamos una herida? Y al final, solo deja un vacío, pero eso no nos detiene.

Estoy decepcionada de la gran frialdad que veo en la juventud, y repito, no porque piense que soy mejor que nadie por decirlo, simplemente que desde mi punto de vista, hace falta conseguir un poco de polvo de hada y aprender a volar. Quizá me tomó mucho tiempo conseguirlo, pero soy feliz de vivir en mi propio mundo de fantasía, donde he madurado y comprendido quien soy, donde sueño con el amor y lloro por amistades perdidas o porque me rompen el corazón, donde tengo una familia que me ama y amigos que me aceptan, personas que me juzgan, donde tengo inseguridades y momentos memorables, donde río a carcajadas por simplicidades y sufro porque soy estúpidamente sensible, pero sobre todo, donde soy un simple ser humano que se equivoca, que trata de ser mejor cada día y encontrar su lugar en un mundo imperfecto.

¡Pero así soy! Y he crecido, he madurado pero también tengo mis momentos inmaduros, porque soy joven y no tengo prisa. Soy una niña en espíritu, con una esperanza en encontrarme con Dios al final del camino, porque tengo una fe en Él. Pero con muchas ganas de vivir hasta recorrerlo hasta el final, y si me van a etiquetar o juzgar por ser quien soy y puedo aceptarlo, es porque puedo entender al mundo y seguir volando en él.

Y por eso, creer en las hadas me ha hecho crecer.


Por: Sofía Madero

   

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