#CrónicaViajera - Mi primera vez en el metro de la CDMX

UNA VEZ AL AÑO VE A ALGÚN LUGAR EN EL QUE NUNCA HAYAS ESTADO ANTES

– DALAI LAMA.


MI PRIMERA VEZ EN LA CDMX TENÍA QUE VENIR ACOMPAÑADA DE UNA EXPERIENCIA EN EL METRO.

Fue un viernes 13, me encontraba turisteando junto con un compañero de viajes a quien llamaremos Mr. Sink, él conocía un poco  la ciudad pero compartía mi nerviosismo de viajar en metro. Habíamos estado caminando por Chapultepec, tomando fotografías, comiendo como si no existiera la tifoidea y caminando como si las ampollas nos hicieran los mandados. Quisimos movernos para llegar al Zócalo y nuestra mejor opción para llegar fue usando el metro.

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Se llegaba la hora, el momento, la estación… era tiempo de realizar esa experiencia que la mayoría de mis amigos me cuenta. Para algunos mala, para otros común. Me tocaba a mí unirme al tren de historias y averiguar lo que tanto alegaban.

Desde que bajas las escaleras sabes que estás adentrándote a un territorio desconocido y totalmente distinto a lo que acostumbras ver en Monterrey. La basura y el olor distintivo, te advierten del mundo al cual estás por abordar.

La Humedad, el encierro, “la calor”, es algo indescriptible tal vez hasta desagradable, eso que sientes al pisar la estación Balderas no es lo que Rodrigo González sintió cuando ese inspiro para su canción. Mis nervios y mis preguntas no dejaban de cesar, Mr. Sink me tuvo la paciencia suficiente para que nuestra experiencia no tuviera alguna situación difícil, quisimos pasar desapercibidos pero nuestra forma de comunicarnos tan norteña y la cara de desorientación nos delataron.

Cuando bajas a ese lugar, te incorporas a un espacio repleto de seres  humanos y otros de procedencia dudosa por su falta de humanidad. Subiendo, bajando, yendo, regresando, vendiendo cosméticos, negocios de ropa, tacos, quesadillas, tortas. Un mundo subterráneo con una vida sin igual.


Paso 1 : Comprar los boletos

La primera misión fue comprar el boleto, tenía que esquivar el apuro del contratiempo que siempre cargan las personas de ese mundo, la amargura con la que atienden las vendedoras de boletos (comprensible), esa tonadita cantada con la que todos hablan y que me provocaba una sensación de desesperación en la espalda, y una agarrada de nalga que me dieron por parte de un desconocido chilango.

Recordando otra crónica viajera donde citan a Woody Allen, hacen mención sobre que este mundo se dividía en dos: en el horrible y en el miserable: en el horrible se encontraban las personas con casos terminales como la ceguera o malformaciones, en el miserable nos encontramos todos los demás…en el metro Balderas, viendo como orinaba un vagabundo dentro de un bote de basura a la vista de tres guardias y cientos de transeúntes, por ejemplo.

Paso 2 : Abajo y más abajo

Después de entrar a ese laberinto y por fin encontrar las escaleras que nos correspondían, llegas a ese mundo tan sonado, tan quejado, tan oloroso. Como la lógica nos los permite, al llegar a los andenes encontrarás gente esperando; unas veces hay mucha, otras veces sólo un alma, y luego tenemos las gente del "Hoy no circula" pero esos se los cuento en otra crónica

Siempre esperando a la limosina color naranja, observas que las personas se amotinan unas sobre las otras en la entrada y cuando las puertas se abren, tú no entras al vagón, la gente te mete.

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“Deje salir antes de entrar” gritan los policías que mantienen el orden en los andenes a la par de un silbido chirriante que aun taladra dentro de mis pesadillas.

Ya en el vagón, Mr. Sink marco un poco el territorio para que no fuera a sufrir caricias ajenas.

Después de introducirte a la limo*, el olor se vuelve algo distintivo y el estrujante ambiente ahora es lo menos molesto durante el trayecto. En una ocasión acorde que en todos mis viajes utilizaría el transporte público al menos una vez, bueno, todos recordamos nuestra primera vez.

Paso 3 : !NO MAMES!

El Metro de la Ciudad de México podrá tener cualquier calificativo que gusten, pero les aseguro que ninguno de nosotros lo llamara ordinario. Mientras ustedes le encuentran un nombre, yo lo voy a describir con una palabra “surrealista”, y es que es el significado que le doy a cada una de las cosas que pude ver ahí.  Situaciones a las que no logro darle un sentido lógico, una explicación de cómo es posible que sucedan.

El Metro en Monterrey igual puede ser complicado, intenta subir a las 7 de la mañana en la estación Talleres o Sendero y vivirás ligeramente la misma experiencia.

Tener esa vivencia me inspira a escribirla, es como adentrarte a una pesadilla, un sueño lucido. Fue difícil pero no imposible, fue complicado pero aventurero, no fue agradable pero, ¿qué viaje en metro en hora pico es agradable?. Logre llegar al Zócalo, con una historia que contar, un boleto sin usar y sin mi cartera.

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