El regalo perfecto | TRUTH México

Se acerca la navidad y mi madre comienza a preocuparse porque no sabe qué va a regalar a mis hermanos. Días anteriores a la Noche Buena comienza a atemorizarse de que la cena no vaya a gustarles a todos. Tan sólo la miro y trato de ayudarle, porque sé que por más que trate de calmarla seguirá en su posición.

Lo primero que vi ayer al entrar a la tienda fue un castillo de dulces, chocolates y artículos de navidad. Me frustra un poco cómo cada mes el supermercado tiene un colorido diferente. Febrero es rosa y corazones; verano es cerveza y trajes de baño. Con septiembre todos se vuelven mexicanos de corazón, pero en octubre parecemos amantes de la costumbre norteamericana. Finalmente, diciembre llega y todos nos preocupamos por encontrar un buen regalo para navidad.

Solemos echar el peso a las grandes empresas por inculcarnos el dichoso consumismo. Afirmamos que son las culpables de que gastemos dinero en compras innecesarias. Son quienes aseguran que tienen el mejor regalo para mamá, un 10 de mayo; o para papá, en el día del padre. Así, con cada fecha festiva del calendario, que se repite año con año. Al final acabamos creyendo que consiguiendo el mejor regalo podremos hacer felices a los demás, y por ende, ser felices nosotros mismos.

Si bien es cierto que la publicidad y las increíbles estrategias de mercadotecnia nos hacen caer en ese ciclo de comprar para ser feliz, la culpa no es solamente de las empresas.

Tenemos una creencia muy adherida, estamos automatizados a pensar que es necesario comprar un regalo perfecto para nuestros seres amados, en día de navidad, en un cumpleaños o cualquier fecha especial. Un aparato electrónico moderno, un viaje a un lugar exótico, ropa cara que viste con estilo, o unos chocolates deliciosos son algo que muchos adorarían poder regalar. Y recibir.

Claro, son personas que apreciamos y queremos verlas sonreír, pero de ahí me surge una incógnita. ¿Por qué estamos tan aferrados a que el cariño se regala en una caja?

Veo a los padres preguntar a sus hijos, “¿qué vas a querer de regalo en tu cumpleaños?”. No comprendo, ¿por qué habríamos de pedir algo? De mi parte, tan sólo quiero la compañía.

Entonces entro en mis pensamientos y me doy cuenta que unos chocolates están más baratos que ofrecer nuestro tiempo a los demás. Preferimos correr a la tienda unas horas antes, sacar un billete y comprar algo bonito, en vez de pasar tiempo con esa persona. Comprendo cómo en este mundo, el tiempo termina por costar más caro que un celular.

Tal vez debamos dejar de preocuparnos por llenar el árbol de navidad con tantos regalos, y ocuparnos por compartir y vivir el momento. Pasar el tiempo con la persona que queremos, sea madre, padre, hijo, hermano, amigo, pareja o desconocido, vale mucho más que lo que el dinero puede comprar.

Me doy cuenta que el amor no se puede regalar envuelto en papeles coloridos, y que el mejor regalo que alguien que queremos puede recibir es la presencia.

Es ahí donde pongo mi mano sobre la de mi madre y le digo “calma mamá, lo importante es estar”.


Por: Dalia Gutiérrez

   

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