HISTORIAS: Burlar al destino

No vivo en la zona más segura de esta ciudad. Estoy consciente que es un área en la que hay que tener mucho cuidado. Aun cuando mi la cama superior de la litera derecha del cuarto que rento queda a tan sólo 4 cuadras de la puerta de la Universidad, está prohibido –si aprecias tu integridad – lucir tus pertenencias en la calle.

Salí contenta del campus de mi universidad. Al fin me habían entregado mi credencial para usar los camiones de Ciudad Universitaria. Ya no tendría que caminar 40 minutos para llegar a la escuela. Había perdido casi cuatro kilos; ya era justo y necesario.

Con mi mochila en la espalda, pies en el suelo y mirada hacia el frente, comencé a andar hacia casa. Una cuadra adelante me topé una parada de autobús.

“No saques el celular en las paradas de camión”,

me han dicho. Admito que después de tomar un poco de confianza, he roto la regla un par de veces. He caído en la tentación. Pero si algo he evitado hacer, es usar mi celular mientras camino. Y qué bueno que ese día no fue la excepción.

Pasó todo muy rápido, pero al recordarlo, siento como si el tiempo se hubiera congelado.

Había unas diez personas esperando el camión. Cuando me estaba aproximando, noté tres humanos a mí alrededor. Sentí algo extraño; algo que me hizo caminar más a prisa, sin detenerme a mirar qué estaba sucediendo. Pude ver que algo se estaban comunicando; a señas, con miradas, con fases vagas. No entendía nada, pero no me sentía segura.

De reojo alcancé a ver a uno de ellos, al actor principal: flaco, alto, güero, puberto y castaño. Me encontré caminando aún más rápido, y después todo sucedió.

Con una agilidad que no me conocía, pasé en medio de dos de ellos y sus comunicaciones imposibles de entender, al momento en que alcancé a ver cómo el güero pasaba su brazo por detrás del cuello de una chica de cabello negro, y lucía una navaja al ras de su piel.

Mi mente lo procesó mucho en muy poco tiempo. Quise creer que era cualquier otro objeto metálico inofensivo. Pero mis piernas seguían avanzando rápido, y mi cabeza girando cada dos segundos para corroborar que lo único que estuviera siguiéndome fuera mi propia sombra.

Seguí. Imaginando si aquella chica de cabello negro que podría haber sido yo, aún tendría su celular. También pensando cómo es que pasé y escapé. Cómo quizá no era mi momento ni mi lugar. O quizá el destino lo tenía preparado para mí, pero pasé en medio de él y no me pudo atrapar.

No estoy segura de cómo pasó. O si realmente pasó.  Pero sí estoy segura que no volveré a romper la regla del uso del celular en vía pública.

This website contains opinionated posts. View at your own discretion.

Subscribe now!

Subscribe today and get future blog posts your email.

 

Leave a reply