HISTORIAS: La libertad de viajar solo

No consigo sentir mis pies.

Por encima está la marca de la sandalia, recordándome que puse protector solar en todo mi cuerpo, excepto mis pies.

Por debajo están negros; no sucios ni con manchas de tierra, no, negro puro, impregnado de tanto caminar, y no sé cuánto demoraré para quitar el color.

No consigo sentirlos. Hasta que intento moverlos y siento, dolor, mucho dolor.
Nunca había sentido tanto dolor y cansancio en mi cuerpo, y llorar de felicidad por ello.

Escribí esas palabras mientras esperaba por mi autobús de Montevideo hacia Buenos Aires. Había caminado 4 días sin parar, recorriendo las calles y avenidas de ciudades maravillosas. Mi descanso había sido casi nulo y mi calidad de alimentación daba pena. Pero yo quería comerme el mundo, no quería perder tiempo, era mi primer viaje sola y lo estaba amando.

Dicen que todos debemos viajar solos por lo menos una vez. Para mí sonaba muy cliché, como la mayoría de las frases de autoayuda y superación personal. Pero después que lo vives, todas cobran sentido.

Cuando comencé a viajar con mayor frecuencia tomé un ritmo que cada vez me pedía más. Un amor, un cariño, una obsesión. Un día llegó la oportunidad de viajar hacia Buenos Aires, mi destino soñado. Pero las fechas y el presupuesto disponibles de mis amigos y familia no coincidían con las mías. Pensé que ahí había acabado mi sueño, que no lo conseguiría,

¿cómo es que iría a viajar sin compañía?

Pero como siempre, la vida te reta. Facebook comenzó a mostrar sugerencias de textos sobre viajar solo. Leí varios, lo pensé, analicé, reflexioné… entendí: no tener compañía no me va a detener de viajar.

Así que lo hice.

Viajar solo… es Libertad.

Cuando viajas solo eres libre para hacer los planes que gustes, o no hacer ninguno.

Eres libre de que comer lo que se te antoje, en donde quieras, o donde te alcance el dinero.

Eres libre de tomar el colectivo, rentar un carro, una bicicleta, llamar un taxi o pedir que te arrastren cuando ya no puedes caminar.

Eres libre de elegir el hotel, posada, hostel, banca de la plaza o puente que más te guste para pasar tus noches.

Eres libre de dormir y despertar a la hora que desees; o no dormir.

Eres libre de visitar los lugares que quieras, quedarte el tiempo que desees, sin preocuparte por alguien más.

Eres libre de no hablar por horas, hablar con todas las personas que te cruces; o hablar solo si quieres, total, nadie te conoce.

Eres libre de vestirte tan elegante como desees, o usar la ropa que salga primero de la maleta.

Eres libre de hacer mil y un amigos, o no conocer a nadie.

Eres libre de usar un mapa, preguntar, o andar sin rumbo.

Eres libre planear todos tus destinos, o de abrir el mapa turístico, e ir donde apunte el dedo.

Eres libre de pensar, meditar, reflexionar, o sólo sentarte a admirar el paisaje y ver la vida pasar.

Eres libre de vivir para ti, porque lo que importa es que tú estés disfrutando.

Las personas suelen sorprenderse con alguien que viaja solo, ¿cómo es que se cuidará solo?, ¿cómo es que disfrutará sólo sin compañía?

Pero cuando viajas solo tienes que encontrar la forma de solucionar todos tus problemas y los desafíos que se presenten, y te das cuenta que eres capaz de muchas cosas de las cuales no tenías idea que eras capaz.

Pero cuando viajas solo te das cuenta que la compañía eres tú mismo.

Cuando viajas solo consigues entender que contigo es suficiente, que no necesitas a nadie más para poder disfrutar y ser feliz.

No me di cuenta de lo maravilloso que realmente era, hasta que tuve que lavar mis pies en el baño de la central de autobús para poder viajar un poco más limpia. Y de paso, para que no fueran a pensar que llevaba días sin bañarme.

 

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