Mi casa, la prisión | TRUTH México

Un niño va a seguir a su madre sin importar qué. Es quien lo trajo al mundo, quien le dio la vida.

“The Room”, película ganadora de los Óscar a mejor actriz tiene algo que me impresionó mucho cuando la vi: la habilidad de la madre para hacer creer a su hijo que el cuarto en donde permanecían encerrados era el mundo entero.

Joy no tenía certeza de que en algún momento su hijo fuera a conocer el exterior. En esta situación, fue la mejor opción que encontró para mantenerlo sano y salvo.

Pero, ¿qué historia podría inventar una madre que comparte una celda en la prisión con su hijo?

Hoy, 549 niños inocentes pasan su infancia tras las rejas.  

Tenemos conocimiento de que la calidad de vida en las prisiones no es la adecuada. Un informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) sobre las mujeres internas en las prisiones mexicanas, encontró problemas de alimentación, maltrato, sobrepoblación, malas instalaciones y carencia de servicios médicos y sanitarios, entre otros.

Algunas personas opinan a favor de ello, pues los reos “deben pagar” las consecuencias de sus actos. Hay quienes, por el otro lado, piensan que sin importar su pasado, cualquiera tiene derecho a una vida digna.

Pero lo más indignante es el deficiente servicio y atención a los menores que viven con sus madres.  ¿Acaso ellos tienen culpa de algo? De nacer en prisión.

Los derechos de los niños, de acuerdo con la UNIEF, establecen que un pequeño merece de una vida digna, con acceso a educación, una buena alimentación, libertad para jugar, amor y cariño. El 70 por ciento de los reclusorios que admiten a los hijos de las presas, no cuenta con servicio de guardería, educación básica, servicio médico ni alimentación adecuada para los menores.

Pero mamá e hijo evitarán separarse y su única opción será adaptarse a vivir en estas condiciones.

Lo único que indica la Ley Federal de Ejecuciones Penales es que un niño puede permanecer al lado de su madre, sólo si ésta dio a luz dentro de la cárcel. Sin embargo, ningún apartado presta atención a los requerimientos especiales de los menores, siendo que éstos ocupan de protección especial.

Los primeros años de vida de un niño son imprescindibles para su desarrollo psicosocial. El cerebro humano se desarrolla en un 90 por ciento durante los primeros cinco años. Por ello, el ambiente en que se desenvuelve juega un papel crucial en su crecimiento.

Los niños y niñas que reciben protección y cariño durante su primera infancia tienen más probabilidades de sobrevivir y crecer saludablemente, de padecer menos enfermedades y trastornos y de desarrollar al completo sus aptitudes cognitivas, lingüísticas, emocionales y sociales.” - UNICEF

¿Será posible que un niño logre desarrollarse plenamente en una prisión donde las condiciones de vida distan de ser las adecuadas?

Un niño brinca, corre, ríe, juega, sueña, come y es feliz de una manera especial. En prisión, ¿dónde queda la libertad para correr y jugar, para ser niño?

Estos niños necesitan con urgencia un entorno que les brinde las mismas oportunidades que tendrían al vivir en un hogar cotidiano.

Hoy son 549 niños, pero el número no se detiene ahí.


Por: Dalia Gutiérrez

   

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