CULTURA: Las "tlayudas" | Por: Xitlalic Candia

Recuerdo la primera vez que probé una tlayuda. Fue una noche fresca de hace ya varios años, en un puesto callejero del centro de la ciudad de Oaxaca. Estaba de vacaciones con mi familia y el lugar nos llamó la atención.

Apenas nos acercamos inundamos al vendedor con las típicas preguntas de un turista buscando qué cenar: ¿Qué vende?  ¿Y eso qué es? ¿Qué lleva? ¿No tiene otra cosa para los niños? Etc.

Sin abrumarse con la bola de preguntas que le lanzábamos, ni con la muchedumbre que somos en mi familia, el señor que atendía respondió: Tlayudas. Y aunque no recuerdo que haya pasado, en ese momento debió de iluminarse el cielo.

¿Por qué? Porque las Tlayudas son uno de los más grandes tesoros de la cocina mexicana. Originarias de los valles centrales del Estado de Oaxaca, consisten en una tortilla de veinte a cuarenta centímetros de diámetro  que se dora en comales de barro hasta tomar una textura semi-quebrazida y un ligero aroma a tortilla quemada.

Se les agrega entonces una base de frijoles negros cocidos y molidos en su caldo, quesillo de Oaxaca, con su tradicional sabor ligeramente salado, lechuga, tomate, aguacate, un trozo de tasajo o tlayudalonganiza (¿o por qué no?  De ambas). Según el gusto, se acompaña con salsa picante de molcajete.

Puede comerse doblada como taco o extendida como tostada, con cubiertos o con la mano. Y en Oaxaca es vendida tanto en puestos de la calle y fondas como en restaurantes más elegantes. Si un día visitan esta fantástica ciudad no pueden irse sin haber comido antes una Tlayuda, porque sería como no haber estado ahí.

En esa ocasión comimos tanto que la tabla balanceada sobre dos bloques, que hacía el papel de banca, se partió por la mitad y una de mis primas fue a dar hasta el piso. Pero ¡qué rico cenamos!


Por: Xitlalic Candia

   

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