“Los títeres te llevan a viajar”, César Tavera | TRUTH México

“Hay un momento en que tú eres un recipiente y sabes cuándo algo te llena o no. Yo sentía que el teatro era el que me daba más vida”.

A una cuadra del museo MARCO, sobre las piedras que conservan la esencia de Barrio Antiguo, en el cruce de José Mariano Abasolo y Diego de Montemayor, una flecha gigante impresa en una lona dirige la vista hacia la derecha: “Museo La Casa de los Títeres”.

Veinte minutos para las 6 de la tarde. Las puertas ya están cerradas. La recepcionista guía rápidamente entre la oscuridad del museo, donde duermen los títeres agotados después de una jornada de trabajo.

Una luz sale de la oficina del fondo. “Un niño feliz” de 59 años, con cabellera y tez blanca está sentado frente a su computadora. A su lado, un maletín que esconde la razón de su alegría; lo que lo ha llevado a recorrer el mundo sin parar.

Originario de Monterrey, César Tavera es el fundador de La casa de los Títeres, museo de teatro para niños en la ciudad. Además, es actor, director, investigador, dramaturgo, tallerista, titiritero, promotor cultural e Ingeniero Químico por profesión. Cómo llego al teatro, es una historia que lo remonta a la universidad.

“Cuando estaba en la universidad, había un grupo de teatro que se formó en la facultad, se llamaba grupo Matraz”, comienza a narrar con la mirada fija en el pasado y un dedo recargado en la sien. “Entré y mientras hacía los estudios teníamos los ensayos y presentaciones”, dice.

Gracias a ese grupo, César tuvo la oportunidad de presentarse a lo largo de diversos festivales en el país, siendo uno de ellos la Muestra Nacional de Teatro. Desde siempre, admite tener el apoyo de sus padres.

“Te toleraban las locuras”, ríe “Recuerdo que los padres iban a vernos y se animaban tanto que se juntaban entre ellos”.

Una vez graduado, Tavera comenzó a trabajar en la industria química; no obstante, bastaron dos años para darse cuenta que lo que deseaba hacer era teatro.

“Era una emoción pararte sobre un escenario, con unas líneas aprendidas  y ver al público que estaba atento a lo que tú estabas diciendo” cuenta animado. “Esa emoción era como un flechazo. ‘Me gusta esto, me gusta estar en este trabajo’”, recuerda.

En 1983 César se asoció de manera independiente con los demás integrantes de grupo Matraz y formaron “La Bodega”.  Comenzaron a buscar apoyo por parte de instituciones privadas, para así poder llevar espectáculos teatrales a niños y adultos.

No fue sencillo, puesto que en aquella época el teatro era menospreciado.  “Era muy difícil, muchos trabajábamos como maestros para subsistir, siendo que teníamos una carrera universitaria”, relata.

Pero las metas eran más fuertes que las dificultades, y tal como César dice “Si te vas a meter, te metes. Si lo vas a hacer, lo vas a hacer bien. Y si lo vas a hacer bien, pues vas a vivir de esto”.

Al año siguiente, durante una gira, César conoció a Elvia Mante, su actual pareja y compañera. “Nos unió el teatro”, confiesa afinándose la garganta. “Teníamos el mismo objetivo: poder hacer esto grande. Veíamos los mismos sueños”, cuenta con un brillo en los ojos.

Fruto de los sueños de ambos, surgió en 1986  “Baúl Teatro”, un grupo de teatro  independiente. Sus ideales: hacer teatro para niños. “En esos entonces no había una gran oferta para hacer teatro para niños”, explica.

Poco tiempo pasó para que César y Elvia descubrieran la magia de los títeres. “Hay que decirle a la gente que los títeres no son nada más lo que vemos en la tele, los que vemos moviéndose con voz de pito en las fiestas infantiles. Los títeres es arte y hay que decirle a la gente”, dice.

Movidos por la emoción y la pasión, viajaron a diferentes partes del mundo para disfrutar más de 60 espectáculos en festivales de teatro. Regresaron a Monterrey con muchos ánimos de trabajar, pero la realidad los sorprendió. “Llegas a Monterrey y te das cuenta”, recuerda con tristeza, “que no hay nada”.

César recuerda que su sueño era hacer teatro de calidad para niños y mostrar al mundo la belleza en los títeres, pero el interés de la época era poco. Había mucho trabajo por delante.

“Hay que hacer el mar para navegar”, cita a Teresa Valenzuela.

“Si nosotros queríamos navegar el mundo de los títeres y no había un mar, teníamos que hacerlo”, expresa “¿Qué hay que hacer? Si la gente quiere títeres, que vaya a una casa donde haya títeres. Vamos a hacer La Casa de los Títeres”, cuenta contento.

Fue así como fundaron el Museo La Casa de los Títeres. Además del museo llegaron los Festibaúles; después más espectáculos, una revista especializada y hasta programas de radio. Cualquier cosa que hiciera posible llevar los títeres a las personas.

Veinte años después, César puede decir con orgullo que ha logrado su objetivo. “Ahora ya se tiene un espacio cultural con títeres, un acervo cultural con más de 300 piezas, una biblioteca especializada, giras, un espacio de trabajo…”.HH0J9866_1

Y todavía va por más.

“Lo que haces no te lo vas a llevar  a la otra vida”, indica “por eso decidimos formar una asociación civil. Para que cuando ya no estemos aquí la Casa de los Títeres siga viviendo y que sea para el pueblo de Nuevo León”, señala.

 “Cuando estaba en la facultad, uno de los planes era ir desde Monterrey hasta Argentina haciendo teatro”, recuerda animado sus pensamientos universitarios. Hasta hoy, no ha llegado a Argentina, pero gracias al teatro, sus pies han tocado Estados Unidos, Guatemala, El Salvador, Colombia, Venezuela, Chile, Brasil, España, Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, Escocia, Cuba…

“los títeres te llevan a viajar”.

Mencionar Cuba hace a César sonreír con nostalgia. Describe el viaje como una de las mejores experiencias. “Los niños usan como una pañoleta que le llaman atributos. Era emocionante cuando se quitaban la pañoleta y te la regalaban después de la función. De esas cosas que te marcan”, suspira.

Hoy puede ver hacia el pasado y darse cuenta que muchos de sus planes se han cumplido. “El cerebro es muy intuitivo. Busca las formas de hacer las cosas”, asegura. “Muchas cosas de lo que pensaba cuando empecé a hacer teatro se han cumplido. Creo que se pueden hacer más pero si se han logrado”, dice.

César seguirá avanzando. Basta con ver su trayectoria, sus objetivos planeados y cumplidos, así como el apoyo que recibe al lado de su esposa, Elvia, “Allana el camino, uno le ayuda al otro”. La clave está en estar siempre luchando por lo que se desea

“No hay que rendirse”, aconseja. “Estar tocando puertas a cada rato. No parar”.


Por: Dalia Gutiérrez

   

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