HISTORIAS: Mi mejor amiga se llamaba "Mía" | Por: Faby Lara

¿Alguna vez han escuchado hablar sobre “Mía” y “Ana”? Tal vez si, pero no con esos nombres tan “amistosos”. Lo que llaman “Mía” y “Ana”, mejor conocidas como Bulimia y Anorexia respectivamente, es una realidad que día con día aumenta en chicas de entre 14 y 18 años.

Muchos desconocen que pasé por este episodio tan difícil, probablemente muchos se van a sacar de onda cuando lo lean y se preguntarán: ¿Faby? ¿Tú? ¿En serio? Esque no parece que fuiste una chica así.

Todas de pequeñas teníamos sueños, algunas querían ser cantantes, actrices, modelos o simplemente seguir los pasos de mamá y bueno, yo no soy la excepción, pero desgraciadamente vivimos en un mundo donde  la mujer está llena de estereotipos, donde la belleza exterior consiste en ser delgada y alta. Donde si estás gorda es considerado como un pecado.

Entré a la preparatoria y yo veía a las demás chicas demasiado “bonitas”, probablemente era porque usaban toneladas de maquillaje. Al iniciar esta etapa no me sentía a gusto, puesto que mis amigas de la secundaria estaban en grupos diferentes y ya no coincidíamos tanto como antes.

Fue aquí cuando comencé a experimentar la presión de la escuela, maestros y compañeros. Frases como: “ya deja de soñar tanto”, “¿quién te dijo que cantabas?”, “si tú eres bonita yo soy Lady Di”, eran palabras a las que estaba acostumbrada a escuchar todos los días. Poco a poco esas frases se fueron convirtiendo en pequeñas voces dentro de mi mente.

 

Yo veía que una amiga “ponía fin” a sus problemas cuando ella introducía un cepillo de dientes para provocarse vómitos. Era común encontrármela a la hora de salida deGirl sticking finger in her mouth la escuela en el último baño. Pensaba que gracias a eso ella no era criticada, pero muchas veces no conocemos las consecuencias. Sin embargo yo tenía miedo de hacer algo así.

Jamás voy a olvidar aquella discusión tan fuerte que tuve con mamá solo por decirle que me dejara sola, que quería estar encerrada en mi cuarto y sin ver a nadie. Recientemente había terminado una relación amorosa, más no quería que nadie se enterara. Cuando mamá se fue recuerdo que bajé a la cocina, abrí el refrigerador, vi mucha comida guardada, entre ellas estaba la hamburguesa de lonche que no me comí un día anterior. Así que agarré todo lo que veía a mi paso y lo comía como si nunca hubiese comido. Me sentí bien, subí a mi cuarto y  llorando me quedé dormida.

Una hora más tarde me levanté llorando, arrepentida y me dije: “¿qué hiciste? Te vas a poner más gorda…”, de inmediato corrí al baño y me provoqué mi primer vómito. La verdad es que sentía una satisfacción muy grande cuando vomitaba pues al comer de esa manera tan incontrolable, sentía como si me tragara mis problemas, una vez dentro de mi cuerpo, se procesaban para eliminarlos de mi vida.

Muchos días inventaba pretextos para no ir a la escuela, no soportaba que las demás fueran más bonitas que yo, ni mucho menos comentarios absurdos de gente que se supone que debían de ser mi ejemplo a seguir.

Si no mal recuerdo fueron trece ocasiones en las que hice algo similar, hasta que en la escuela se dieron cuenta que la tubería del último baño estaba siendo deteriorada por ácidos. Una vez no pude controlar el vómito y solo fue por haberme comido una sincro de la señora de la cafe. Eso ocurrió cuando el receso había terminado y todos estaban en clase. El ruido del vómito fue tan fuerte y pensaba asustada “¡Por Dios! ¿Qué he hecho? Yo no quería, yo realmente quería esa sincro. Salí del baño y la orientadora estaba afuera de él y me dijo “Lara… venga a mi oficina, necesito hablar con usted.”

En su oficina me preguntó cosas como mi estado anímico, si tenía problemas en casa o porque no hablaba mucho con mis compañeros, que porque faltaba mucho a la escuela.

Yo no le decía nada porque en realidad no quería que mis padres se enteraran de lo que estaba haciendo, pero ya sabía que la orientadora se sabía todo y seguramente ella pensaba que esa tubería fue dañada por mis vómitos.

Ella me prometió discreción, le supliqué que no llamara a mis padres, suficiente tenían con el trabajo. Mis compañeros de la escuela jamás supieron que todo esto pasó, solo mi amiga que también pasó por lo mismo.

bulimia-nervosaSemanas después yo comía, pero muy poquito, sentía como si estuviera atada a un sinfín de cadenas de las que no podía escapar. Mis noches cada vez se volvían frías, no quería dormir, solo quería librarme de todo eso, fue aquí cuando desarrollé otra enfermedad llamada narcolepsia, la cual es un trastorno del sueño donde en cualquier momento puedes quedarte dormido, donde tienes alucinaciones severas pero no llegan al grado de esquizofrenia.  Mi mamá veía que todas las noches lloraba, jamás le mencioné el porqué, pero ella dedujo que padecía depresión, así que me llevó al psiquiatra y ahí me diagnosticaron un cuadro de depresión y narcolepsia. Estuve medicada por dos semanas, tomaba Prozac y otros más, donde yo sentía que me sedaban. Bastó un día para que se dieran cuenta que el medicamento me estaba dañando más, me desmayé estando en la casa, sólo recuerdo haber ido al baño a lavarme la cara y desperté tirada en el cuarto de mi abuelo, el cual se encontraba muy lejos del baño. Me dolió la cabeza por el golpe tan fuerte que me di. Ese día fue cuando tuve el valor de decirle a mi mamá lo que en realidad estaba pasando.  

Comentarle esto no fue fácil, me sentía tan avergonzada, triste y al mismo tiempo desesperada por salir de esa prisión emocional que era la bulimia.

Inmediatamente volvimos a ir con el psiquiatra, no fue sencillo saber que ahora iba a ser alimentada a través de un tubo en lo que mi esófago se recuperaba, reconocer que padecía bulimia fue todo un reto.

Mi mamá me preguntó por qué hacía eso y yo solo le comentaba mi sentir, tampoco olvidaré que ella me abrazó y me dijo que si quería ir a una iglesia cristiana podía hacerlo. Cabe mencionar que mi familia es católica, pero nosotros siempre vimos a Dios como un ser supremo y amigo que te ayuda no como una religión en especial.

Tras nueves meses de tratamiento, por fin logré liberarme de este padecimiento, jamás dejé mis estudios, pero progresivamente mi promedio aumentó. Como si hubiera sido magia, los maestros que se encargaron de decirme comentarios ofensivos, fueron despedidos de la institución. Aquí pude comprobar que Dios es quien se encarga de poner a cada quien en su lugar en su respectivo tiempo, desconozco las causas por las que fueron despedidos, no me alegro, al contrario, me preocupan y espero que algún día recapaciten sobre sus acciones y que cada día crezcan mejor como personas.

En cuanto me recuperé, me inscribí a mi primer curso de modelaje en mi natal Tampico, en donde tuve la oportunidad de participar en mi primera pasarela. Años más tarde, a la edad de 18 años, cumplí uno de los sueños más grandes que anhelaba toda mi vida. Llegué a ser coronada como Reina del Club de Leones de Ciudad Madero. Para mí, el haber llegado a ese puesto significó más que vanidad, una oportunidad para ser ejemplo para todas esas chicas que no se sienten a gusto con ellas mismas.

Si estás leyendo esto no fue por casualidad, hubo algo o alguien que te animó a leer esta historia, tal vez tengas una hermana, prima, amiga, vecina o tal vez seas tú quien esté pasando por una situación similar, déjame decirte que no estás sola. Sé que muchas veces es difícil reconocer que una está mal, pero, ¿sabes? Todo tiene un propósito en nuestras vidas y sé que tú al igual que yo, lograrás vencer esta batalla.

El día de hoy quiero invitar a todas las chicas a cuidarse, amarse y respetarse como las hermosas princesas que son. Que no les importen lo que digan los estereotipos o la gente que las critica puesto que cada quien tiene su forma de ver las cosas y eso hay que respetar.

Si conoces a alguien que se encuentra en esta situación, bríndale tu apoyo, hazle saber que no está sola y que juntas podrán acabar con esto.


Por: Fabiola Lara

 

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