Mil maneras de morir – #15 Selfies | TRUTH México

Veo a mi alrededor cómo el ser humano tiene una necesidad obsesiva por compartir contenido en redes sociales. Lo triste es que esto está teniendo consecuencias fatales; y lo más lamentable, es que hoy está cobrando vidas inocentes.

En los días pasados se hicieron virales unas imágenes que mostraban el momento en que un hombre sacó un delfín franciscana bebé del mar, con el propósito de tomarse una “selfie”, acción que causó la muerte del pequeño animal.

El delfín franciscana es una de las especies más pequeñas de delfines. Cuando es adulto, llega a medir 1.80 metros como máximo. De bebé, apenas rebasa los 60 centímetros de longitud.

También es una de las especies más raras y difíciles de encontrar, pues solo habita en Brasil y Argentina. Usualmente, se le observará solo y nadando despacio cerca de las costas. Es por ello, que fue visto en la orilla de la turística Santa Teresita, en Argentina.

A consecuencia de su rareza, no se cuenta con cifras exactas de su población. Por esa razón, y por ser una especie muy amenazada por las redes de los pescadores, la Unión Internacional Para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la declaró como especie en peligro de extinción.

Al responsable de la muerte, le pareció divertido ver a un delfín de medidas tan pequeñas en las orillas de la playa, por lo cual decidió retirarlo de su hábitat natural para después capturar una “selfie” con él.

Me parece que hoy ya no basta con vivir el momento. Resulta más importante compartir en la red, que disfrutar la experiencia. ¿Salir a comer? Compartir la ubicación en Facebook. ¿Ver los amigos? Capturar una foto y postearla. ¿Ir al cine? Publicar qué película estás viendo.

Hay investigaciones que explican cómo al compartir información, se activa una región del cerebro que nos hace sentir recompensados. También se habla de que al estar continuamente conectados con nuestro círculo social, nos sentimos más satisfechos.

Buscamos integrarnos, alimentar ese sentido de pertenencia a un grupo, ser reconocidos por los demás. Pienso que estos factores nos llevan a compartir de manera exagerada todo lo que hacemos, decimos, sentimos, comemos, vivimos. Sólo que a veces, esa búsqueda obsesiva por lograr el reconocimiento, nos lleva a cometer imprudencias.

Hoy veo “selfies” tapizando las redes sociales. Desde momentos cotidianos del día hasta la imagen capturada por Ellen DeGeneres en los Premios Óscar. Pero también las hay aquellas culpables de la muerte del autor, como cuando en 2014 un joven mexicano murió al dispararse por accidente mientras se tomaba una “selfie” con la pistola en la cabeza. Foto que planeaba subir a Facebook.

Estoy casi segura que al pensar en sacar el delfín del agua, la mente del hombre mente articuló en automático: “foto para Facebook”.

¿Qué nos está pasando?
Después del suceso, la Fundación Vida Silvestre, una organización argentina en búsqueda del desarrollo sustentable en armonía con la naturaleza, lanzó una campaña para informar la gente sobre lo necesario que es regresar un delfín franciscana al agua, si se le encuentra en las orillas; pues de lo contrario, puede morir.

¿En serio es necesaria una campaña recordándonos que se debe devolver un delfín al agua? Todos sabemos eso. ¿Acaso estamos tan cegados por la obsesiva necesidad de compartir en redes sociales?

Somos curiosos, es característica innegable y admirable del ser humano. Pero me quedo pensando, ¿qué tan cierto es que somos seres racionales?


Por: Dalia Gutiérrez




   

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