Nacer, crecer, equivocarse, morir: el verdadero ciclo de la vida | TRUTH México

Tenía que escribir un artículo el día de hoy, un escrito con moraleja, un documento que dejara a los que lo lean algo de aprendizaje. Tenía que escribir para que usted querido lector pudiera reflexionar sobre lo maravilloso que puede ser vivir… Sin embargo, creo que en estos momentos no soy la persona más indicada para  dar consejos, ni mensajes positivos, lo cierto es que a mis casi veinte años puedo decir que tengo un historial de metidas de pata que podría fácilmente hacerle competencia al de cualquier ex niño-estrella Disney.

Mis días con frecuencia pasan desapercibidos, últimamente y mis diálogos con las personas que me rodean no pasan de comentarios a la defensiva y malas caras, y usted se preguntará: ¿Cómo paso todo esto?.

Lo cierto es que para meter la pata uno tiene que ser listo, así evita que los demás se enteren de sus desmanes, sin embargo parte del arte de vivir en el error también incluye muchas veces no saber encubrirlo, y es así como ha terminado mi existencia así, viviendo entre el auto prejuicio y la misantropía, entre mis problemas cotidianos de cualquier jovencita y las aflicciones existenciales sufridas por los grandes filósofos y eruditos.

Es increíble lo irónica que puede ser la vida, un día crees tener el control de todo y al siguiente terminas viendo que realmente tu nunca fuiste dueño de tus actos. Te das cuenta de lo insignificante que puedes llegar todos tus esfuerzos al lado de las fuerzas incontenibles y misteriosas de aquellos que algunos llaman destino. ¿Y es el destino o las consecuencias de todos nuestros actos? ¿Está todo escrito o somos nosotros quienes somos autores de nuestros futuros?

Sea cual sea la respuesta, personalmente creo que no sé cuál es la teoría  que más me asusta. El proceso de vivir también incluye crecer, aprender, sin embargo en un mundo tan surrealista y superficial como en el que me toco nacer es difícil saber qué camino escoger y si realmente lo estás escogiendo tú y no es parte de algún plan supremo en el cual uno no es más que un peón en un juego sin fin de ajedrez. Eso es un misterio que por el momento no me siento lo suficientemente preparada para resolverles. Pero si algo les puedo decir es que en este mundo de azares y coincidencias a veces no importa que tanto lo intentes, hay errores que pueden costarte toda la existencia reparar, se dice que una vez roto el espejo puedes volver a juntar los pedazos y unirlo, pero las grietas se volverán parte del reflejo.

Yo creo que si rompes un espejo lo mejor es tirarlo y comprar otro. Restablecerse, renacer, escapar. Pero tal parece que entre más creces más fuertes son tus equivocaciones y más difícil es volver a comenzar y uno tiene que pararse y tratar de resolver todo arriesgando a arruinar todo, el que lo logra aprende, crece y el que no termina en el fondo. Crecer, madurar, escribir o seguir un destino, creo que el mundo me pide demasiado para mis 19 años, no hay un bosque al que correr, no hay una madre a la cual recurrir a que nos salve, no hay nada entre yo y  los vientos tempestuosos que son parte de este fenómeno extraño que es existir,  sin embargo el tablero está en la mesa y es mi turno de hacer el siguiente movimiento.

 

Por: Arantxa Soto

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