DEPORTE: La hazaña de los niños campeones

Fue en una tarde del 23 de agosto de 1957. El lugar; Williamsport Pensilvania. Ángel Macías salió al terreno de juego con la convicción reflejada en el rostro. Detrás del pequeño y escuálido jugador regio, saltaron al campo sus compañeros quienes representaban a la liga mexicana. Estaban listos para tomar sus posiciones. No lo sabían, pero estaban a punto de escribir historia.

Tras a ver arrasado el torneo de ligas menores, y a ver atravesado con varios incidentes racistas, los regios llegaron a la gran final. Sus rivales, los altos y fornidos integrantes del equipo de beisbol de la liga de La Mesa, en el próspero estado norteamericano de California. Las diferencias entre los jugadores de ambos equipos era eminente, los californianos provenientes de una liga que se jugaba entre los habitantes de una próspera región de clase alta del sur de los Estados Unidos. Los mexicanos provenían de los barrios más pobres de la industrializada ciudad de Monterrey. Mientras unos estaban acostumbrados al triunfo, los otros apenas se presentaban por primera vez un torneo de Ligas Pequeñas.

Los norteamericanos lucían orgullosos sus uniformes recién hechos para el partido. Los mexicanos, solían remendar y lavar sus uniformes después de cada encuentro. Unos se sentían amos y dueños del deporte y otros estaban a punto de escribir historia. El país entero se paralizó. Las calles de las principales ciudades se vaciaron. La radio, el principal medio de comunicación de aquel entonces, consiguió los derechos para transmitir en vivo aquel juego final que definiría al campeón del mundo en ligas pequeñas.

Cuando llegó la séptima y última entrada, el estadio entero se había vuelto loco. Cuentan las historias que en México ese día había demasiado silencio. Solo se escuchaba la emocionada voz de un narrador que poco a poco fue describiendo la manera como Ángel Macías retiraba a cada uno de los poderosos bateadores del que era considerado el mejor equipo del mundo en su categoría. Sin darse cuenta Ángel Macías estaba haciendo un juego perfecto (Se denomina Juego perfecto en beisbol cuando logras cero hits, cero bases por bolas, cero carreras) y así consiguieron una hazaña sin precedentes en la historia del deporte mexicano.

Los pequeños gigantes regiomontanos habían conseguido el título mundial de beisbol infantil. El país entero estalló en júbilo, los chicos tardaron un mes en regresar a nuestro país. Antes fueron recibidos por Dwight D. Eisenhower, el entonces presidente de Estados Unidos, quien les ofreció una comida en la Casa Blanca reconociendo así su victoria.

Otro miembro del equipo campeón, fue Roberto Maíz  quien menciona “Nunca olvidaré ese día mientras viva. Yo jugaba el jardín izquierdo. Nunca me llegó la pelota. Esta apenas salió del cuadro. Hubo 11 ponches y siete roletazos o globazos en el terreno. Yo anoté empujé la primera carrera y anoté la tercera”.

Te recomendamos las películas Los pequeños gigantes de 1960 en donde los auténticos niños campeones nos narran su aventura rumbo al campeonato y El juego perfecto, película estadounidense del 2009, quien con un gran elenco nos cuenta de manera más moderna la historia del espectacular campeonato.

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