HISTORIAS: No siempre gana la más bonita | Por: Alejandra Rosas

Al ingresar a la UANL y darme cuenta que se realizaban certámenes de señorita, mi pensamiento al instante fue de desagrado. No me gustaba la idea de que la universidad realizara concursos de belleza, en donde calificaran a las chicas por su imagen; para mí no había necesidad de realizar este tipo de actividades dentro de una universidad pues al final que objetivo tendría, ¿La chica mas atractiva y guapa?, ¿la más famosa?, ¿o era sólo por hacerlo y cumplir los estándares de la sociedad respecto a la imagen de una universidad prestigiada? No tenía ni idea.

Esa era mi manera de pensar antes de atravesar esta asombrosa experiencia.  Mi percepción y opinión de todo aquello cambió radicalmente.

Desde que comencé mis estudios universitarios, amigos y compañeros me invitaban a participar en esos concursos. “Estás delgada, si ganas”, “Eres bonita y hablas lindo”; este tipo de cosas no se me hacían justas para calificar en un concurso estudiantil. QUIÉNES ERAN LOS JUECES O LA GENTE PARA DECIDIR QUIÉN ES BELLO Y QUIÉN NO. 

En mi facultad la mayoría de las chicas entra sólo por diversión. Cuando decidí entrar al concurso, me parecía un juego y no lo tomaba en serio. Pero en el momento en que supe que podría formular e implementar una propuesta para mi facultad, mi interés en el concurso creció. La idea de poder llevar a cabo un proyecto realmente me conmovía.

En el transcurso de los ensayos conocí a mis compañeras y la ilusión que varias tenían de poder ganar la corona. No mentiré, me ilusionaba pensar el poder ganar, de usar esa corona, de representar a mis compañeros de Artes Escénicas. Pero seguía pensando que ganaría la más bonita.

Qué sorpresa fue para mí darme cuenta que mi proyecto y la razón por la cual quería realizarlo fue la razón por la que ganaría. Yo que jamás pensé que ganaría un concurso de esos, lo había logrado. En ese momento mis pensamientos cambiaron. Me di cuenta que dentro del concurso la belleza no era lo primordial, sino un plus; era el porte, la postura, el desenvolvimiento escénico, la caminata, el habla, el carisma,  el proyecto, la confianza.

Después fui parte del certamen Señorita UANL. Conocí a mis compañeras, todas eran bonitas, inteligentes, y un vivo ejemplo de la calidad de un estudiante de cada facultad.

Sabíamos que en ese concurso la belleza no lo era todo, eso seria de lo último a calificar.

Por esos días surgió el Colectivo Quimera, un grupo que se mostraba en contra de este certamen y de la manera de “tratarnos”, pues según su ideología, desprestigiaban a la mujer, por ser un concurso sólo de belleza. Pero no sabían de lo que trataba, no conocen el trasfondo. Cada una de las chicas que estábamos ahí, entramos por gusto, a nadie se nos obligo en ningún momento; cada quien escoge lo que quiere hacer y por qué lo hace.

Llovían críticas en las fotos de cada concursante respecto a quién era más bella y quién debería ganar. No saben el porqué del concurso. No se trata de belleza solamente, no es de quién es más alta o más delgada, que si ésta tiene la nariz chueca, que si aquella es orejona, si está muy morena, muy blanca. No estábamos en ese concurso para satisfacer a nadie, sino a  nosotras mismas.

Obtuve el premio Señorita Mérito Académico, del cual me siento muy orgullosa, satisfecha y feliz; mantener mi promedio de 98 es importante para mí como estudiante, el esfuerzo de años valió la pena para este certamen. Salir premiada por tan importante hecho es asombroso, que reconozcan tu desarrollo académico es un alago. Es algo que amo, y me pone feliz el haber obtenido este título, pues lo que logré es por puro gusto y amor a mi carrera, mi licenciatura en Arte Teatral.

Hubo un cambio radical en mi manera de pensar.

Dentro del margen social nunca estaremos a la par con la manera de pensar de nadie, a veces no llenamos sus expectativas, y no es nuestra culpa, es culpa de los estándares sociales ya impuestos por las mismas personas y la industria de la moda o belleza actual. Nos regimos por el “que dirá la gente”, “que va a pensar.” Despreciable, lo sé, pero de cierta forma jamás lograremos cambiar estos pensamientos, pues cada quien tiene su descripción exacta de lo perfecto y bello, y todo es estéticamente bello para cada quién.

No podemos juzgar por lo que vemos a simple vista, no podemos hablar por hablar, o dar por entendido algo que no conocemos y que no queremos conocer. Los invito a enterarse, a leer, a preguntar, a no dejarse llevar por un comentario, a investigar, a no confiar en los marcos sociales que están en constante cambio y sobre todo, a dejar ser a cada quien, quiénes somos para juzgar a los demás.

 

            No puedes depender de cómo luces para sostenerte – Lupita Nyong’o

 

 

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