AYOTZINAPA: ¿Qué sientes tú, cuando dicen "43"?

Hasta hoy, después de dos años, sigue la búsqueda de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Hasta hoy se siguen exigiendo que estén vivos. Hasta hoy el gobierno titubea, no sabe qué decir, no tiene respuesta. Hasta hoy se me sigue erizando la piel cuando los pienso.

Hemos escuchado el testimonio de los papás y compañeros de los normalistas de  Ayotzinapa,  también hemos escuchado opiniones de los periodistas, las versiones periciales, las versiones de los funcionarios,  pero nadie ha escuchado lo que siente la sociedad, lo que sientes tú o lo que siento yo, más allá de la indignación en redes sociales, ¿Qué sientes tú?

Además de unirme a compartir información, vídeos de protestas, fotos, compartí un sentimiento, no sólo de indignación, sino también de tristeza, de dolor, de coraje, de decepción, impotencia e incluso miedo. Se combinaron tantas emociones en mí, como nunca antes lo había sentido por una noticia o algo que pasaba en mi país.

Muchas veces he sentido tristeza al ver niños sin tener que comer, niños con capacidades diferentes, alguna tragedia en la televisión, pero no trascendía más allá del momento. Ésta vez era distinto. No conocí a los normalistas, no eran nada de mí, ni siquiera sabia que existían antes de todo esto.

Ésta vez, no podía dormir, algo vibraba en mi corazón que no me dejaba, que incluso, muchas de esas noche no pude contenerme a llorar. Mi cabeza daba y daba vueltas en lo mismo, que hay maldad en todos lados, que yo también soy estudiante y que yo también estoy inconforme con el sistema, que quería un cambio, un sueño que sigo teniendo por mi patria, pero que por un sueño tan puro que tienes por tu pueblo, mañana pueden matarte.

Un día mi madre me llamó por teléfono, hablamos un poco de nosotros y tocamos el tema de los normalistas, sentí como ella también estaba indignada, pero ella pensaba en los padres, en la angustia que seguramente sentían, pero antes de concluir el tema note que se le había hecho un nudo en la garganta, así casi llorando, me dijo que por favor no saliera a las calles,que ella sabía lo indignada que estaba y lo injusto que era, pero no quería que su hija, fuera el número  #44.

 Después de hablar con mi madre, me di cuenta que los mexicanos tenemos miedo, tenemos rabia, nos da coraje y nos entristece el alma.

Yo tampoco quiero ser el #44, no quiero que el gobierno disfrazado, fingiendo que se preocupa por nosotros, me apuñale por la espalda, me dispare para silenciarme, no quiero que me disparen a pesar de gritarles que soy estudiante y que no estoy armada. No quiero morir así, como seguramente tampoco lo querían los 43 normalistas, pero sí quiero seguir luchando por un mejor país.


   

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