¡Salvemos a las ballenas! | TRUTH México

Este 1 de diciembre Japón atacó de nuevo. Un barco y tres navíos zarparon hacia la Antártica con la mira puesta en las misteriosas y codiciadas ballenas de Minke.

La caza de ballenas es una práctica muy común y arraigada a la cultura japonesa desde el siglo XVIII. En sus inicios el animal era muy demandado, pues de él se obtenían aceites y otras partes que posteriormente servirían para elaborar productos industriales, cosméticos, farmacéuticos; y por supuesto, lo que hasta la fecha sigue alentando el comercio de la ballena, que es su carne.

Con el paso del tiempo y el avance de la tecnología, la demanda de este cetáceo ha caído considerablemente; no obstante, Japón lucha arduamente por mantener su tradición y no da señales de detener esta cruel práctica.

Naturalmente, la caza desmedida de las ballenas trajo como consecuencia una disminución en su población, y aunado a las presiones sociales de asociaciones activistas, en 1982 se prohibió la caza comercial de estos cetáceos. Esta prohibición incluía a todos los países miembros de la Comisión Ballenera Internacional (CMI), siendo Japón uno de ellos. Sin embargo, la nación hizo caso omiso de la orden y continuó cazando, respaldándose con la justificación de que sus fines, lejos de ser comerciales, eran meramente científicos.

Japón ha seguido cazando por años, mientras diversas asociaciones ejercen presión para frenarlo. Greenpeace es una de ellas, quien por cierto, consiguió evidenciar el contrabando de la carne de ballena en los mercados japoneses, con lo cual probaba que las intenciones verdaderas de este país eran la caza comercial.

Además, pasado un tiempo se logró descubrir que Japón había estado pagando a los países menos desarrollados con el fin de asegurar votos a su favor en la CBI, para poder continuar cazando ballenas con fines “científicos”.

Lo anterior motivó a que en 2014 la Corte Internacional de Justicia (CIJ) dictara una orden que prohibía a Japón de continuar cazando ballenas en el Antártico, dado a que no se había encontrado evidencia de que realmente estuviera cazando con fines científicos. Japón no tuvo alternativa y gracias a ello, cientos de ballenas fueron salvadas el año pasado.

Desafortunadamente, la insistencia de Japón lo llevó a pedir un “permiso especial” este 2015. Se trata de un programa de “caza científica” denominado “NEWREP-A”, mismo que se le autorizó y con el cual tendrá puertas abiertas para cazar 3,996 ballenas de Minke en 12 años, con un promedio de 333 cetáceos cada año.

Japón se defiende con el argumento de que la caza y muerte de estas ballenas es imprescindible para conseguir los objetivos de su programa, que son hacer una estimación de la población actual de ballenas; así como estudiar sus patrones de migración.

No obstante, se han llevado a cabo investigaciones que prueban lo contrario. En una de ellas, realizada en el 2014, un equipo de investigadores de la Asociación de Investigación de Océano Austral viajó hacia el Antártico. A través de observación directa y la colocación de transmisores les fue posible obtener información sobre el comportamiento de las ballenas, sin necesidad de cazarlas ni matarlas.

Para descubrir qué hay dentro de un organismo, es necesario abrirlo y explorarlo. Eso no lo niego. Incluso, tal vez sea necesario matar un animal para poder estudiarlo, así como en sus inicios fue necesaria la vivisección de animales para conocerlos. Pero, ¿4000 ballenas de Minke asesinadas? No me suena muy convincente, ¿y a ustedes?

   

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