Yo sí fui, no fue Teté | Por: Tania Paz

Con frecuencia se escuchan frases como: “Es que tú no me dijiste nada” o “yo creí que tú ibas a hacerlo”, entre otra sarta de excusas que se usan para no aceptar responsabilidades.

Ante situaciones como esas resulta imposible atender el problema con objetividad, pues se hace una bola de nieve entre victimizaciones y “papas calientes” de segundas personas. Al final, no sólo hay malos entendidos, sino que también una molestia por inconformidad y por si fuera poco, a largo plazo, se vive una cultura de irresponsabilidad para dar resultados o asumir consecuencias que no tiene progreso.

Recordar que el primer paso para resolver un problema es aceptar el problema per sé es fundamental en la toma de decisiones para la mejora continua.

Muchas veces una mirada al historial nos ayuda a entender el patrón de conducta y en ocasiones determinar una probabilidad de ocurrencia. ¿Por qué el status quo del mexicano?

Evidentemente el análisis presentado a continuación es personal y carece de profundidad en investigación, es únicamente una propuesta de reflexión.

Hace 494 años; cuando Tenochtitlan se convierte en “La Nueva España”, no sólo se arrebata un territorio, se desplaza una cultura, una genética, un futuro, una raza y muchas injusticias que conlleva la guerra en su imposición de poderío. Se puede uno imaginar entonces (y sólo imaginar) la cara con la que se vería al “superior” cuando da la orden, los pensamientos consecuentes y la indignación ante la esclavitud de palabra y acción.

Particularmente, resaltar la incongruencia que implica todo esto; se quiere hablar de Huitzilopochtli, pero se pronuncia “Jesús.” Se quiere descansar, pero el encomendado dice que hay tributo que pagar, se paga pero el hacendado dice que hay que seguir trabajando. Y bueno a todo esto, uno se pregunta... ¿Cuándo se va a regresar  todo el oro robado?

Nunca.

Eso sencillamente no va a pasar y precisamente por eso es que hay que dejar la victimización de injusticias que duraron 300 años en la colonia o las que hoy en día siguen sucediendo. Tomar cartas en el asunto y asumir la responsabilidad del presente, a sabiendas de que toda responsabilidad engloba un poder. Ese poder es el de la decisión. Se tiene el poder de decisión de acción, pero no se puede decidir la consecuencia de esa acción. La responsabilidad reside en uno desde el comienzo. Una paradoja universal.

No se trata de borrón y cuenta nueva, se trata de adquirir un valor como hábito y que ese hábito se convierta en un paradigma social representativo de la cultura mexicana.


Por: Tania Paz

   

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